lunes, 8 de febrero de 2010

Ajedrez ft Estrategias amorosas

Una partida de ajedrez se puede comparar con la estrategia que empleamos para alcanzar el amor. Aunque el último fin del juego sea derrocar al rey, antes de llegar a ese objetivo, debemos acercarnos lo máximo posible a su figura. El rey, como el amor, está rodeado de fieles consortes, son los alfiles y los caballos, se van moviendo por el tablero intentando por todos los medios que no consigas tu fin, que no es otro que llegar a conquistar el corazón de la persona que amas. En la vida real estas piezas lo conforman los “amigos”, sí, pongo entre comillas lo de amigos porque, muchas veces, no sabemos si quieren el bien nuestro ó todo lo contrario, es decir, que sigamos allí a su lado, caminando por la vida sin un rumbo fijo.

En toda esta historia no podemos olvidarnos de la dama, y os preguntareis, ¿a quien representa esta majestuosa figura?, sin duda, a nuestra queridísima madre, es una pieza clave en la estrategia del amor, sus movimientos sigilosos pero calculados al milímetro, siempre atenta a cualquier descuido para atacar a la presa, en nuestro caso, el novio ó la novia. Todos sabemos que “madre no hay más que una” pero, en el amor, dejarla aparte. El papel que suele jugar en las relaciones es muy importante aunque no queramos reconocerlo, cualquier comentario, sea a favor ó en contra, nos influye irremediablemente y puede hacernos ganar ó perder una partida. A veces, una de las estrategias del ajedrez es aniquilar las damas lo antes posible, nos da miedo su fortaleza y queremos quitarla de la partida, puede ser una buena forma de empezar una relación de pareja.

Los peones representan los pequeños inconvenientes que vamos encontrando hasta llegar al amor, pueden ser pequeños de tamaño pero, a veces, pueden constituir una amenaza mayor de lo que realmente representan y llegar a tener el mismo poder que la mismísima dama, es cuestión de no dejarnos pisar el terreno y que lleguen a nuestras inmediaciones ya que el daño puede ser irreparable. La estrategia sería aniquilarlos lo más rápido posible, sin que cojan ni un ápice de fuerza, no es fácil, pues suelen ser muchos y aparecen uno tras otro.

Las torres pueden representar nuestra guarida, ese lugar donde nos escondemos para no sufrir, sus altas y escarpadas paredes nos protegen, supuestamente, de los ataques externos. Si realizamos una mala estrategia puede convertirse en un simple castillo de naipes que, con un ligero soplido, puede derrumbarse, debemos crear una base sólida para que nuestra fortaleza sea infranqueable y podamos vivir el amor de la mejor manera posible. La segunda interpretación que puede tomar esta importante pieza del ajedrez es de ser un “castillo en el aire”, la capacidad que tiene el ser humano de complicar lo más fácil y de simplificar lo difícil, cómo somos capaces de enredar una simple historia de amor y colocar en altares a verdaderos dioses ó diosas de barro, fantaseamos con la realidad hasta límites insospechados y al final esos castillos se esfuman de forma irremisible.

Realmente existe una gran relación entre el ajedrez y la vida misma, en este caso aplicado al amor, nuestro objetivo al final es derrumbar al rey, ó mejor dicho, en esta historia, conquistar el amor de nuestro ser amado. ¡Buena suerte a todos en la difícil partida que es la vida!.