martes, 23 de junio de 2015

Montes de Aragón

Muros rellenos de roca caliza,
color ocre, amarillo y marrón.
Sinuosas formas bañan tus balizas,
guías al viajero con devoción.


Tu senda escuchan llantos y risas,
de amantes llenos de ilusión,
dibujando las paredes con tiza,
orgullo perenne de la región.

Tras descubrir tu hermosa guarida,
tengo esta extraña sensación,
que siempre estabas en mi vida.

La primavera brota cada rincón,
manto verde de tierra fundida.
Bellos recuerdos, montes de Aragón.

® Fran R. Pulido - El cazador de sensaciones

Amores de imposibles

Amores de los que brillan,
cuando llegan a la cama.
Amores que se respiran,
bajo la maltrecha manta.


Amores de los banales,
sin memoria y sin alma,
que comparten el misterio,
de quien vilmente no ama.

Amores de la infancia,
con las palabras robadas,
de las imágenes tristes,
y las calumnias plasmadas.

Amores que no influyen,
porque nacen de la nada.
Sin pasión desmedida
de sinrazón desbordada.

Amores de difíciles,
de las mentiras con alas,
con sentimientos infames,
y las pasiones raptadas.

Amores de imposibles,
de las continuas trastadas.
Amores de los nocturnos.
Amores entre sábanas.

® El cazador de sensaciones

De Google Imágenes:


Autorreflexión

Estás ahí. Frente a mí. No sé quién eres pero me gustas. No te escondas. Da la cara. Mírame a los ojos. Tienes ojos tristes pero profundos.

Me gustaría conocerte. Saber cómo ha sido tu vida. Descubrir cada rincón de tu alma. Sé que la tarea va a ser ardua pero lo quiero intentar con todas mis fuerzas.

Tus facciones me recuerdan a alguien. No sé a quién exactamente. Tu pelo, tus labios, tu nariz, todo en ti me es conocido pero no consigo recordar ni tu nombre.

Un muro reflexivo nos separa. Es complicado superarlo. Lo quiero intentar. Sus paredes son muy altas. No sé si lo has construido tú misma o necesitaste la cooperación de otras personas pero quiero saltar por encima, llegar a ti.

Giras la cabeza. No quieres mirar. Detecto que sientes vergüenza de mí. No he hecho nada anormal, únicamente mirarte cara a cara, sin miedos. Ahora te voy identificado, poco a poco, es una misión que quiero asumir aunque me cueste una vida.

Siento que la vida ha sido dura contigo. Feliz en ocasiones, infeliz en otras más. Las vivencias, de todo tipo, te han hecho crear un escudo protector pero siempre estás luchando para no aislarte del mundo exterior.

Bajas la mirada. No estés triste por favor. Estoy aquí, a tu lado. No tengas ningún temor. No te voy a dejar sola ni un instante. Imagina que soy tu corazón y que te quiere ver feliz.

Estás ahí. Junto a mí. Eres la imagen de mí reflejada frente al espejo de la vida. Eres tú, soy yo, y sé que nunca me fallarás.

Sonrisas errantes

Corría por el sendero oscuro de la noche,
de bajadas y empinadas cuestas,
sin pensar en nada que no fuera llegar,
a buen término mi afamada carrera.


De repente sentí una mirada furtiva,
clavarse en mi cuerpo y sufridos ojos,
no supe que hacer ante tanta belleza
sólo sonreír y continuar con mis enojos.

Quizás la noche te convirtió en princesa,
en gran dama o atolondrada damisela,
pero ayer me sentí un apuesto príncipe
de cuento de hadas que hablan de bellas.

Al volver de vuelta por el mismo camino,
los pies aumentaron el ritmo pausado,
quería volver a sentir esa mirada,
que, sin pensar en nada, me había enamorado.

De nada sirvió tanta destreza,
en intentar llegar de nuevo a tu senda,
habías desaparecido sin darme el tiempo,
a decirte que mi amor era de veras.

Ahora que estoy ya de vuelta en casa,
recordando esos lindos ojos brillantes,
pienso, ¿cuántas veces hemos dejado pasar,
por la vida, esas sonrisas errantes?

® El cazador de sensaciones

De Google Imágenes:

Miedo a la realidad (II)

Son las tres de las madrugada. Es la hora de los instintos. El alcohol ha hecho mella en nuestros débiles cuerpos. Es la selva humana en su máximo esplendor. Ahí no existe ni arte, ni literatura, ni cultura, solamente eso, instinto y alcohol. Y, de repente, me encuentro allí, a la vera de una auténtica desconocida.

Comienza la danza de seducción. Ella, contorneando su cuerpo, yo, acercándome cada vez más desde la retaguardia. Las palabras sobraban en ese momento. Aunque creo que, con el tiempo, me he dado cuenta que sobraron en muchos momentos. Ella me siente. El roce de mi cuerpo hace que sus movimientos sean aún más exagerados.

Torpemente me puse a su lado, intentando emular su provocativo baile. Nada más lejos de la realidad. Sentía que, si mantenía su ritmo, el fémur iba a moverse de sitio y no era plan. Estuvimos un buen rato así, peligrosamente juntos.

En un instante, mis brazos rodearon su juvenil cintura. Sus movimientos se fueron ralentizando poco a poco. Los hombres que, se acercaban sigilosamente, rodeando su esbelta figura, comenzaron a desplazarse de lugar, cómo verdaderas aves migratorias. Más que aves eran lobos de afiladas garras.

Se gira. Se coloca frente a mí. Seguía rozando su cuerpo contra el mío pero ahora sentía también el latido de su corazón. Sus ojos me miraban firmemente, sin miedos, segura de sí misma, de su capacidad para atraer al sexo contrario. Sin mediar palabra alguna, la beso. Los labios eran cálidos, más que cálidos, complacientes, se entregaban a mi boca y mi lengua sin rechistar. Sentí una especie de aguijón que se iba clavando en mi corazón, suavemente.

Quizás fui débil pero necesitaba ese instante como “agua de mayo”. La sensación de desear a alguien desde lo más profundo de mi ser. Después de ese primer beso, se sucedieron, uno tras otro, humedecidos ósculos de pasión desmedida. Ya no pintábamos nada allí y salimos, abrazados, de aquel asentamiento de necesidades humanas.

Miedo a la realidad


Viernes noche. Noche de salidas. Frío y gélido otoño. Terraza de moda en la ciudad. Llego a solas conmigo mismo. Justo, frente a la puerta, me encuentro con mi amiga Rosa, acompañada de otra persona. Rosa era una mujer de formas redondeadas. Nos conocíamos de hace años, a través de un evento en el qué coincidimos. Su desconocida amiga tenía el pelo azabache y tez morena. Llevaba un traje ceñido a su esbelto y delgado cuerpo. Ojos negros de mirada intensa.

— Buenas noches, dice Rosa.
— Buenas noches Rosa, le replico.
— Te presento a Marlene, comenta Rosa.
— Encantado Marlene, mi nombre es Juan.
— Encantada Juan, me responde la misteriosa mujer de ojos penetrantes y acento extranjero.


La noche transcurrió entre sonrisas, miradas y bailes. Bailaba de forma insinuante, provocativa y desprendida a la vez. Cada vez que ponía un pie en la pista de baile los hombres se le acercaban como lobos hambrientos. Tenía la capacidad de atraer al sexo contrario con sólo mostrar sus habilidades corporales.

Esta situación se fue repitiendo semana tras semana. Siempre estaba allí, frente a la puerta, cómo si esperara a alguien, no sé si a un príncipe azul o a un alma caritativa que pudiera ayudarla a salir de aquella espiral de vicio y diversión constante.

Cada vez que me veía cambiaba las facciones de su cara. Una media sonrisa presagiaba que quería algo de mí. Al cabo del tiempo lo descubrí, cuando ya era demasiado tarde. Aquella noche iba a ser diferente. Nos habíamos quedado solos…

sábado, 2 de mayo de 2015

Ojos que ven, corazón que siente

Tiempo espléndido.  Día soleado. La playa, aparte de, para leer un buen libro, oír música o "estar a la bartola", es un lugar idóneo para estudiar el comportamiento humano. Quizás la desnudez del cuerpo provoca también la  desnudez del espíritu.
Sin querer, mis ojos se ponen en una pareja que estaba frente a mí. Piel blanca, bien alimentados y facciones treinteañeras.  Se ponen en pie,  ella recogiendo las cosas de la arena mientras,  él,  lentamente, se va quitando la arena de su velludo cuerpo. Observo con estupor que el chico a la vez que se quita la arena, como quien no quiere la cosa, no deja mirar a su izquierda. Allí,  sentada sobre la arena,  hay una señora de mediana edad, rubia, "entrada en carnes". Físicamente se parecía mucho a la persona que tenía a su lado de pareja pero con 20 años más.  ¿La única diferencia? Esta señora no tenía la parte de arriba del biquini, es decir, se le veía el torso o, mejor dicho, los pechos.
La imagen era curiosa, ella recogiendo las toallas, los bolsos y demás utensilios de la playa y él,  por otro lado, mirando constantemente a la "chorba" de la 2° edad. Fue tanta la fijación del chico por esa mujer que su pareja le tuvo que recriminar. No sirvió para mucho. Seguía erre que erre empecinado en el cuerpo de aquella mujer.
La pregunta es, ¿qué diferencia había entre ambas mujeres? Una de 30 y pocos años, la otra llegando a los 60, una de piel blanca, la otra más bien morena. ¿La experiencia? Quizás sí pero, hombre, en la pareja la experiencia surge de la propia relación, mediante la pasión y la comunicación despertamos los más bajos instintos y creamos un mundo de erotismo personal.
Fue tal el desprecio de aquella persona con su pareja que hubo un momento que sentí el impulso de llamarle la atención pero preferí no entrometerme para no salir trasquilado.
Al rato identifico, saliendo del agua, una supuesta pareja. Lo de supuesta es porque cada uno iba por su lado. Ella, esbelta, cuerpo bien formado, de apariencia veinteañera, él,  muy velludo, de barriga cervecera y, físicamente, poco atractivo. Ambos están colocados tras mi hamaca, ella mirando al mar y él mirando no se sabe ni a dónde,  quizás a Cuenca.En un instante veo al "muchacho" mirando a una mujer, de no más de 20 años, con un cuerpo que su pareja no tenía nada que envidiar pero, con una diferencia, tenía 5 años menos.
Después de vivir estas 2 experiencias religiosas en un día extraordinario de playa tengo dudas sobre el famoso refrán: Ojos que no ven, corazón que no siente. Sería mejor decir: Ojos que te ven, corazón que siente.


jueves, 30 de abril de 2015

A MI MUSA

Eres mi musa, flor de esperanza,
imagen divina de bello semblante.
Ladrona de sueños de ahora y de antes,
mujer que borras toda mi añoranza.


Es la primavera que ha creado una alianza
para conquistar tu corazón distante,
de una forma sincera y con el suficiente talante
quiero entrar en ti con cierta templanza.

Recordar todo el día el pasado me cansa,
prefiero pensar en ti, rosa del Atlante,
aunque veas que a veces estoy vacilante,
mi vida gira en torno a tu graciosa danza.

Espero un día desequilibrar la balanza,
que me impide descubrir esa mirada radiante,
modificar el destino de esta vida cambiante,
sentir que amarte mitigan mis ansias.

Eres mi musa, quiero darte la confianza,
conocernos bajo una luna brillante,
no sientas miedo, quiero ser tu amante,
compartir la vida junto a tu amplia semblanza.

® El cazador de sensaciones

De Google Imágenes:

martes, 28 de abril de 2015

Lágrimas de soledad


Es tarde, muy tarde. Me he despertado sobresaltado por una pesadilla. Pesadilla de tiempos pasados, de lágrimas errantes. No quiero soñar más con el pasado. El pasado se ha marchado y ahora comienza una nueva vida.

Te siento, sé que estás aquí, cerca de mí. ¿Qué quién es? Ni yo lo sé. Pero existe, en otro plano del universo está ella, frente a mí, sólo tienes que saltar, tranquila, te cogeré de la mano y caminaremos juntos por el sendero del amor.


Me rozas, siento tu suave pelo, no sé si es negro, rubio o castaño, sólo sé que estremeces mi piel. La oscuridad solitaria de la noche me atormenta pero no quiero caer en el error de buscar cualquier tipo de compañía.

Espero con ilusión tu llegada. No sé si será hoy, mañana o pasado. Sólo sé que existes y que una casualidad te cruzará en mi vida. Oigo tu respiración, es una respiración de paz, de paz interior. Mi corazón está abierto de par en par, escucha su maltrecho latido, si lo mimas y lo cuidas será para ti, todo para ti.

Es de noche, no se escucha ruido alguno. Nadie nos oye. Ahora me puedes susurrar cuanto me deseas, princesa de mis sueños. Mi alma quiere volver a sentir la pasión por otra persona y sé qué eres tú a quién busco. Sólo hace falta que escuches a tu corazón y estires tu mano. Estoy aquí, siénteme.

Las horas pasan irremisiblemente. Pienso en ti aunque no vislumbre tu cara. Tu mirada es intensa, muy intensa e iluminas la habitación como si de una lámpara incandescente se tratara. Escucho únicamente el tic-tac del reloj del salón. Las horas pasan y sigues ahí, a mi lado, esperando que nuestros espíritus se encuentren.

Es tarde, muy tarde. No sé qué hago despierto a estas horas de la noche. Una lágrima quiere desplazarse por mi rojiza mejilla pero la obligo a regresar hacia dentro, hacia mi corazón. No quiero echar más lágrimas baldías, lágrimas de soledad.

® El cazador de sensaciones

 De Google Imágenes:

domingo, 26 de abril de 2015

Abrazos rotos

El abrazo, ese gesto tan simple pero, a la vez, tan gratificante, lo tenían hoy en promoción. Y sí, así como oyen, esta mañana, después de decidir que no iba a ir a comer fresas, me encontré con este regalo por el Paseo de las Canteras. Unos chavales, de no más de 15 años, regalaban abrazos.

La verdad que la situación era, cuando menos, curiosa y me ha dado que pensar. Les aseguro que, después de hacerle la foto, me acerqué a la chica para que me diera un abrazo. Abrazo, algo inocente, pero que me llegó al corazón.

Empecé a pensar en el abrazo dentro de las relaciones hombre-mujer. Últimamente, tras una inesperada ruptura sentimental, he empezado a cultivar nuevas amistades. La única intención es esa, amistad, sin falsas expectativas ni esperanzas. Creo que el abrazo es una de las expresiones más intensas de una amistad, sin malicia, con la idea de sellar ese vínculo espiritual entre dos personas. Los 5 segundos que duran un abrazo pueden equivaler a 24 horas de paz y tranquilidad con uno mismo. Pero, no, el abrazo lo relacionan con algo más, con el comienzo de una relación sentimental cuando lo único que queremos es la sanación del alma.

Sin duda, esos jóvenes tienen las cosas más claras que muchos adultos. Ellos sólo querían abrazar para generar energía positiva en las demás personas. Es una buena iniciativa y podríamos seguir su ejemplo, regalar abrazos a todas las personas que tenemos alrededor.

En Valsequillo regalaban fresas pero, hoy, en Las Canteras, eran abrazos. No sé por qué regalo decidirme pero no me cabe la menor duda, una cena con velas, fresas y abrazos incluidos con la persona amada, no cambiaría ese momento por nada en el mundo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Si tus ojos pudieran hablar

Si tus ojos pudieran hablar
querría saber dónde está tu corazón,
si aún está libre para amar
y sentir las caricias de mi pasión.


Ojos profundos que invitan a soñar,
sueños que despiertan la ilusión
de tenerte en mis brazos al despertar
entre sábanas mojadas de emoción.

Ojos cristalinos como el mar,
mar que generas tanta devoción
aunque a veces rompas a llorar
por tanta sangre sin razón.

Ojos que no conocen el azar
cuando el amor es tu decisión,
ojos que empiezan a delatar
lo que puede sentir por efusión.

Ojos que invitan a profundizar
en las artes orientales de la relación,
más allá de un simple mirar,
sintiendo el deseo de mi adoración.

Si tus ojos pudieran hablar
querría tener una buena conversación,
con el alma abierta de par en par
para descubrir porque alimentas mi inspiración.

® El cazador de sensaciones

De Google Imágenes:

lunes, 20 de abril de 2015

Y van 25...

Ya han pasado 25 años pero aún recuerdo la primera vez que te vi. Fue un amor a primera vista, de esos que te acompañan durante toda una vida. Con lágrimas en los ojos no dejé de mirarte, de abrazarte, de sentirte, quería mostrarte todo mi amor desde ese primer instante.

Habían pasado ya 9 meses desde que apareciste de repente en mi vida pero, hasta ese momento, no había podido tenerte en mis brazos. Fueron meses de lucha y esperanza. Sabía que llegaría el momento de nuestro encuentro y quería estrechar mis manos con las tuyas.

Hoy es un día importante en tu vida y en la mía. En la tuya porque cumples 25 años, en la mía por todo lo que representas. Eres la flor que iluminas mi vida aunque a veces no sea capaz de decírtelo con palabras. La luz que me guía tanto en los momentos de soledad como de compañía. Y si alguna vez me ves lejano o distante, no lo dudes, siempre te tengo en mi corazón. Ahora mismo lloro de emoción porque recuerdo tantas vicisitudes pasadas entre los dos pero nada ni nadie nos ha separado, es un amor incondicional. Desde el primer momento supe que iba a ser así.

Sé que te he fallado en diversas ocasiones porque antepuse los intereses personales a los emocionales pero la vida me ha hecho recapacitar, corazón, de todos mis errores. La última vez que te quedaste en casa no fue precisamente el mejor día de mi vida. Un “virus” te echó de casa y no fui capaz de eliminarlo a él antes que a ti. Perdón por ese mal momento. Después supe porque te retrasaste en llegar a casa, era el día más importante de tu vida, habías descubierto otro tipo de amor, el amor terrenal.

Ya han pasado 25 años desde aquel maravilloso día de primavera en el que naciste y sólo puedo decirte una cosa, felicidades hija mía por tu cumpleaños y por existir.